Día de senderismo. Hoy toca estirar las patitas un rato y dejarse absorber por los paisajes islandeses. Tras asegurarnos que no llovería hoy durante las horas de caminata, nos vamos para Skaftafell, a 5 minutos de nuestra cabañita (en la foto)
Hay varias rutas por la zona. Nos dejamos guiar mejor por la Lonely Planet que por los mapas que tienen allí y elegimos la ruta Skaftafellsheidi. Esta ruta es la más conocida y favorita de los islandeses, una ruta circular de 16 km (5-6 horas).
El punto de inicio es el mismo para todas las rutas, que pasan por la cascada Svartifoss.
Vamos ascendiendo poco a poco...
Nos cruzamos con otras cascadas
Y llegamos a Svartifoss, otra famosa cascada entre impresionantes columnas de basalto.
Seguimos subiendo un poco más hasta Sjónarsker, un punto de observación desde donde contemplar el paisaje montañoso y colorido por un lado...
...y la desolación de los sandar mirando hacia el mar justo detrás. Auténtico contraste.
Y seguimos subiendo. No es una subida muy fuerte pero ya se va notando y empieza a sobrar ropa. La tranquilidad del lugar es máxima: sólo se oye una leve brisa, algún pájaro, de vez en cuando el agua de un arroyuelo o algún bloque de hielo que cae haciendo eco entre las montañas a lo lejos.
Y pronto llega otra recompensa: la niebla jugando entre las montañas.
Volvemos a subir otro poco hasta el punto más alto de nuestra ruta (unos 700 m)
La niebla se esfuma durante un rato para dejarnos descubrir lo que había debajo.
Después de un rato extasiados y atrapados en este punto sin poder quitar el ojo al paisaje, seguimos el camino para no dejar enfriar el cuerpo (hace una rasca buena)
Nos vamos acercando a la nieve. Desde aquí hay un camino de algo más de 1 km que sube hasta el Kristínartindar (1126 m), pero que decidimos no hacer.
Seguimos bordeando el camino, que ya es llano prácticamente.
Y de nuevo otra recompensa: vistas increíbles de la lengua glaciar Skaftafelljökull, semejante a un mar completamente congelado, con la forma de las olas y todo. La niebla nos da una pequeña tregua para que podamos disfrutar del espectáculo y al rato vuelve a echar el telón.
Desde ese punto ya empezamos a descender, con el glaciar a nuestra izquierda durante todo el camino de bajada hasta llegar a su extremo.
Y la última imagen de la ruta antes de la bajada final entre árboles: un último vistazo al sandur desde las alturas, paisaje extraterrestre y asombroso donde los haya...
Cansados pero repletos de energía al mismo tiempo, emprendemos el camino de vuelta a Vik. Intentamos alojarnos en el mismo albergue que hace dos días, pero estaba completo. Al final acabamos en una Guesthouse apenas unos metros más abajo en la misma calle. Allí no vive nadie ni hay recepcionista, son casas que la gente remodela y ofrece como alojamiento (tuvimos suerte de encontrar a la dueña allí antes de que se fuera). Sólo había dos personas más alojadas, así que disponíamos de la casa y su tranquilidad para nosotros solos.
Todo el mundo ya dormido y yo me bajo un rato al salón, solitario pero acogedor (aunque la muñeca del sofá da un poco de canguelo). Ni un sólo sonido en la casa salvo el de la lluvia y el silbido de un viento fuerte afuera.
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