¡Viernes! Hoy toca hacer excursión durante el día a zonas cercanas, concretamente lo que se conoce como el Círculo Dorado (la excursión más conocida y turística), que incluye el Parque Nacional de Thinvellir, Geysir y Gullfoss. Y por la noche a vivir un poco del famoso runtur de los fines de semana.
Vamos a recoger nuestro flamante coche una vez localizada la casa del dueño (¡oye! que será antiguo, pero iba como la seda). No era éste el que estaba previsto por un error de organización y no es que estuviera precisamente limpito como una patena por dentro, pero a caballo casi regalado...
Y empezamos a circular por la carretera 1 (la única autopista principal de circunvalación que rodea Islandia). Es un gustazo conducir por esta carretera, sólo para ti y contemplando cómo van cambiando los paisajes prácticamente inhabitados cuando sales de Reykjavik.
Un viaje muy común en Islandia es dar la vuelta entera a la isla por esta autopista, pero pensamos que para tan poco días era mejor centrarse en una zona para disfrutar más de los paisajes y conducir menos.
Hacemos una parada en un lago
Y en un rato llegamos a Thingvellir, uno de los tres parques nacionales de Islandia que alberga dos de las cosas más importantes del país y patrimonio de la UNESCO.
Por un lado, es el único lugar del mundo (junto a otro en África) donde puede verse una falla, la cual separa las placas tectónicas de Norteamérica y Eurasia. Esta falla, culpable de los terremotos de la zona, parte a Islandia en dos y es por donde empezó a formarse la isla cuando hace 17 millones de años coincidió con un punto caliente de erupción volcánica. En términos geológicos, Islandia es prácticamente un bebé, y cada año va creciendo unos cuantos centímetros a medida que se van separando las placas.
Un camino pasa por medio de la falla
Por otro lado, es el lugar donde se asentó el Althingi, el primer parlamento del mundo, fundado en el año 930 (qué peligro tanto vikingo reunido...). Desde aquí se proclamó también el Cristianismo sobre el año 1000 y la independencia de la República de Islandia en 1944.
Esto es el Drekkingarhylur (piscina de ahogamiento) para las mujeres infractoras de la ley (mmm ¿ves tú? esto ya no me hace tanta gracia)
Por aquí también hay una bonita cascada, Öxarárfoss.
Volvemos a la carretera y va cambiando un poco el paisaje.
Y poco después llegamos al campo geotermal donde se encuentra Geysir, el chorro de agua termal que da nombre a todos los géiseres del mundo (y de las pocas palabras exportadas del islandés).
¡Cuidadito, que quema!
Pasear por estos campos te hace pensar sobre la que habrá liada bajo Islandia entre magma, fallas, volcanes...¡miedo da!
Otro géiser de la zona, inactivo
Después de cada explosión, se va rellenando de agua
El agua de arriba se va enfriando mientras que la de debajo se sobrecalienta por la energía geotérmica hasta que explota (en la foto, justo 2 segundos antes de la explosión)
Este géiser llega a alcanzar entre 15-30 metros y explota cada 5 minutos más o menos. A veces hay varias explosiones seguidas, como tuve la suerte de ver :)
Vista de los géiseres desde arriba. El olor a azufre es muy intenso (huele a huevo podrido)
Seguimos un poco más en coche hasta el último punto del Círculo Dorado: Gullfoss, una cascada doble de 32 m de caída. No es la más grande de Islandia, pero sí la famosa...¡y se llega a congelar en invierno!
Encantados con las vistas de hoy y sin habernos llovido, nos vamos de vuelta a la capital. Por el camino nos encontramos nubes tan raras como ésta.
Y paramos en una gasolinera, donde ofrecen café gratis (aunque no en todas)
Luna llena :)
Y llegamos a Reykiavik, a prepararnos para el runtur de los viernes noche. Esto es, la juerga nocturna islandesa, que al parecer tiene bastante fama (se ponen hasta arriba de alcohol), aunque nosotros hicimos una versión express light porque si no al día siguiente no se levantaba ni el tato :)
Primero a cenar en un encantador restaurante de estilo francés, Le Bistrot, totalmente ambientado en los 50, con jazz y swing de fondo, donde encima me ponen la mejor hamburguesa que he probado en mi vida (nada que ver con las que ya sabemos)
Detalle de decoración y los juguetes para los niños que había comentado que están en todos sitios.
Recorremos algunos bares, tomándonos una cerveza Viking (qué mejor nombre si no), en el Kaffibarinn, el pub del que hablé ayer, y recorriendo fugazmente los sitios allá donde la corriente de gente nos llevaba. Reykjavik tiene una cultura musical muy desarrollada, así que es normal encontrarse conciertos de grupos jóvenes en muchos sitios.
Sí, la juerga tiene buena pinta aquí, pero creo que a estas alturas ya no hay nada que me pueda sorprender. A no ser que nos perdiéramos algo particularmente especial, nos pareció como cualquier otra noche de marcha desfasada.
Y de camino al albergue nos topamos con extrañas tiendas: una que se niega a abandonar el espíritu navideño, sea cual sea la época, y una barbería-peluquería con una singular decoración (no se ve bien, pero lo mismo hay una bici colgada de la pared que asientos con tapicería cowboy)
Hoy el cielo sí que está despejado, pero tampoco ha habido suerte con la aurora...
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